17 de enero de 2019

El Baile de Dulce






El anfitrión miró alrededor y comprobó que faltaba una de sus invitadas, aquella que nunca dormía, la revoltosa Bruja que le hacía trampas a la noche y alargaba el día hasta límites peligrosos.

Él sospechaba que podría estar invisiblemente escondida detrás de las rojas cortinas, pesadas colgaduras de terciopelo espeso y agobiante.

Comenzó el baile. Las máscaras enmarcaban ojos azules, negros, miel… seguía faltando una mirada, arrogante, escurridiza, verde, siempre verde.

No le gustó la máscara que reposaba para ella en el pequeño estanque dorado, nunca le gustaba. Muy grande, muy pequeña, muy oscura o llena de color. Siempre era así, díscola y complicada.

Esa noche, el poeta dejó pétalos de rosa para el tocado, quizá el suave polen de las amables flores pudieran seducir el vuelo nocturno de una alondra perdida y entrase al baile.





3 comentarios:

Dulce dijo...

Ya decía yo dónde estabas? Otra vez detrás de las cortinas? no puedes ser tan vergonzosa ;) aunque no son rojas las cortinas del Salón, son de color violeta, seguramente por la luz se veían rojas. Y por suerte dejé pétalos acompañando la máscara ;)

Gracias por estar nuevamente en mi Baile y por allí siempre, en horas peligrosas.

Besos dulces desde mis Dominios.

Ester dijo...

Me gusta su esa bruja revoltosa, hay que salirse de la rutina, ser diferente y bailar la música que cada uno elegimos. Un abrazo

alfonso dijo...


·.
Me suena ese 'alargaba el día hasta límites peligrosos'
9B9

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