9 de febrero de 2009

¡CUIDADO CON LOS FELINOS!

El cuento del Dioni, lo saqué de este otro relato, más elaborado y completo. Esta noche alguien me ha dicho que publique lo que quiera aunque sea más largo. Y pensando, pensando, aquí os lo dejo, para el que quiera completar...



Yo tenía un gato, negro, esponjoso, con reflejos azulados y los ojos verdes, muy, muy verdes. Ya sé que me diréis que los gatos no tienen los ojos verdes, el mío sí, sin ninguna duda. Le miraba desde la ventana de la antigua cocina convertida en improvisada habitación; la casa estaba llena de gente, Marga y yo habíamos tenido suerte, en lugar de dormir en una colchoneta en el salón, nos habían puesto dos camas turcas en la cocina, lugar privilegiado desde donde divisábamos el corral con sus numerosas sombras y recovecos, gatos y gatitos deambulantes, que nos susurraban historias. A la cabeza de todos, mi gato; se llamaba Dioni, nombre que le dejó en herencia un vecino de la casa de al lado, de piernas largas, andar tambaleante y buen beber. Mi vecino y mi gato se parecían tanto que yo tenía para ambos la misma sonrisa. Ellos intentaban protegerme y protegernos, en esa loca carrera de la niñez donde no existe el peligro y los ángeles guardianes se ganan el sueldo cristiano con acierto.
Mi prima y yo, amparadas en la misma noche que hacía brillar los ojos de Dioni, hablando en sonoros susurros para no despertar al resto de la casa, salíamos a la despensa, a robar patatas fritas, con grandes silencios envueltos en risas contenidas. Ahora sé que mi padre dejaba las bolsas a mano, para que las encontráramos sin muchas dificultades.Mi hermoso gato de ojos verdes me miraba mientras yo le invitaba a mis patatas, susurrándome advertencias y cuidados: ¡No te fíes de los felinos, sus historias son tranquilas, serenas, ronroneantes, cuentan suspiros certeros, latidos atrayentes y melancólicos, intentarán atraer tu espíritu, tu fuerza, tu tiempo. ¡No te fíes! La pena fue, que mi ventana estaba alta, no se escuchaba bien. Dioni desapareció un día pero yo le escuché maullar durante tres noches. Mis padres y los vecinos dieron vueltas a las casas y a los corrales, pero no apareció…hasta que una pelota perdida se coló debajo de una puerta cerrada a cal y canto y allí estaba Dioni, envenenado por la codicia de un comerciante cercano. Su trágico final hizo que me hiciera cauta, aunque no con los gatos, desoyendo los consejos de mi hermoso peluche.En mi andadura vital, encontré y aún sigo encontrando gatos; de toda corte y condición. Ladinos, audaces, tiernos, señoriales, suaves, melancólicos y hasta arrogantes. Todos con una característica común. El ronroneo, el arqueo de lomo, el dejarse acariciar… y el zarpazo final. Por eso Dioni, ¡mi pobre Dioni! dedicaba sus historias nocturnas a avisarme. A pesar de todo, yo, estúpida de mí, adorando a los gatos, su pelaje, sus ojos (nunca verdes, excepto los de Dioni) su elegante y hermosa figura, sus andares insinuantes y ligeros; me confié. Hay que saber esconderse antes de que las musarañas se adueñen de las almas, hagan sus nido en los rincones de nuestros pensamientos y los gatos recojan los ovillos de lana y los líen con sus uñas. Debemos tener cuidado con los felinos, juegan, revuelven y arañan; la sangre surge, tiñe y brota del fondo del olvido sin que puedas hacer nada. Es mejor acariciar su lomo, suavemente, como en aleteo, casi sin rozar. Sintiendo, se asustan, revuelven y vuelven a arañar.


Permitidme, que esta historia se la dedique especialmente a mis queridas amigas, que aceptan a los gatos con demasiada inocencia.



6 comentarios:

Donce dijo...

Ju, pues sí que es largo y yo vengo con la luz roja de la batería encendida.
Mañana vengo, vale?
Un besitoooo.

femme d chocolat dijo...

Está perfecto, lo prefiero así. a anécdota es lo suficientemente dura como paraque su relato tenga un poco más de peso/desrrollo.

Recuerdo cuando me lo dijiste. Me parece terrible que alguien sea capaz de quitarle a otro a un ser querido sólo por una cuestión de envidia, celos o malaje. Es algo que no comprendo. Pero crueles hay en todas partes. Pero no acabo de comprender. Qué daño puede hacer una niña queriendo a un ser; cualquiera ... ¿?

Hay que tener muy mala entraña, para querer arrebatárselo a toda costa y de un modo tan cruel


Me gusta el nuevo estilo del blog. Tiene personalidad ^______^

Un besi

Ñoco Le Bolo dijo...

Andando por los umbrales...

Tiene razón la del "chocolate". El nuevo estilo de tu blog es mucho más claro y limpio...
Por otra parte, has hecho bien en seguir ese consejo nocturno. Este relato mejora decididamente al anterior. En cuanto a la longitud... El Quijote es algo largo y eso no está reñido con la calidad o el interés. Claro que "El hombre que desayunó un churro" marca el otro punto de equilibrio haciéndonos ver que lo breve puede tener tanta o más calidad que La Biblia, por ejemplo.

Obviamente, dos puntos de equilibrio hacen que la balanza sea perfecta.

BSGNS
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CristalRasgado & LaMiradaAusente
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Marina dijo...

Pues si femme, aunque no lo comprendamos hay gente así. Este cuento lo escribí para avisar a mis amigas, bastante jóvenes, que los felinos "malos" abundan y nos rodean, aunque se disfrazan de inocentes gatitos. Dionis hay menos, desgraciadamente.
Espero que el aviso le sirviera a alguien y siga sirviendo.
Un besito maullador, princesa.

Querido Ñoco, soy buena alumna y me gusta muchísimo aprender cosas nuevas, Manolo me regaló un blog, ahora lo mejoramos con ayuda de los búhos que encuentro en mi camino. Era demasiado tarde para hacer algo con la foto, lo intentaré a la tarde y si no me sale ya sabes lo que te espera jajajajajjaaja (no tienes ni idea dónde te has metido)
Un beso medio dormido, dado a las horas que me acuesto

Donce, te espero, me gustará que lo leas, por si te sirve. Gracias por pasarte.
Un beso rápido, por las prisas.

Donce dijo...

Jooo Marinaa, pero qué bonitoo!
Ñoco tiene razón, muchísimo mejor -aún- con la versión larga.
Me ha encantado eso de "se parecían tanto que tenía para ambos la misma sonrisa".
Pesioso niña.
(Por cierto, en invierno me dan muchísima pena los gatitos callejeros -al menos alguna vez les di de zampar- pero en realidad a mí los mininosss "ná de ná". Jo, lo siento pero egggg que no!)

Besitosss

mojadopapel dijo...

Marina esta bien que avises, me gustan los gatos... lo independientes que son, la suavidad de su pelo y la seguridad que tienen al reclamar mimos, pero no puedes sujetarlos te arañarán si lo intentas,imponen su libertad por encima de todo y hay que guardarse de su zarpazo, yo tambien prefiero a los perros. Besos felinos.